¡¡¡¡Gracias por tu ayuda, Guillote!!!! Este video no es mío, pero ya voy a poder hacer uno propio... ;)
domingo, 24 de julio de 2011
sábado, 23 de julio de 2011
lunes, 18 de julio de 2011
sábado, 16 de julio de 2011
Hombre Quieto
Juan era abúlico, despreocupado y, sobre todo, tranquilo. Estaban a dos días del examen y su compañero de estudios, Luis María, tenía que golpear en la puerta de calle con los puños para despertarlo y que se decidiera a empezar a estudiar.
Sin embargo, esa noche, a media noche, creyó oír que llamaban, y el lento Juan se tiró de la cama, muy decidido. Pero todavía estaba oscuro: no se veía ni las manos.
Buscó en la mesa de luz, tratando de encender la lámpara, pero, para colmo, ¡había apagón!.
Por supuesto, Juan no se puso nervioso.
A tientas, fue hasta la cocina y se preparó un café.
-Total, es café negro,- pensó -¿para qué quiero verlo?...-
Fue entonces que el estruendo de la puerta entró en sus oídos, giró en el laberinto y bamboleando el tímpano le hizo oír que Luis María había llegado.
Sin apuro, tocando las paredes y los muebles, cuyo lugar conocía de memoria, Juan cruzó el patio, atravesó el zaguán y abrió.
-Venís temprano- dijo. -¿Sos Luis María?
-¿Cómo temprano?- se sorprendió el otro.
-¡Pero viejo, es noche cerrada!-
-¡Dale, Juan!- aconsejó Luis María, sin alterarse -Si no te tomás el trabajo de abrir los ojos vas a seguir a oscuras el día entero. ¡Son las nueve y media de la mañana y hay un sol que raja las piedras!-
Sin embargo, esa noche, a media noche, creyó oír que llamaban, y el lento Juan se tiró de la cama, muy decidido. Pero todavía estaba oscuro: no se veía ni las manos.
Buscó en la mesa de luz, tratando de encender la lámpara, pero, para colmo, ¡había apagón!.
Por supuesto, Juan no se puso nervioso.
A tientas, fue hasta la cocina y se preparó un café.
-Total, es café negro,- pensó -¿para qué quiero verlo?...-
Fue entonces que el estruendo de la puerta entró en sus oídos, giró en el laberinto y bamboleando el tímpano le hizo oír que Luis María había llegado.
Sin apuro, tocando las paredes y los muebles, cuyo lugar conocía de memoria, Juan cruzó el patio, atravesó el zaguán y abrió.
-Venís temprano- dijo. -¿Sos Luis María?
-¿Cómo temprano?- se sorprendió el otro.
-¡Pero viejo, es noche cerrada!-
-¡Dale, Juan!- aconsejó Luis María, sin alterarse -Si no te tomás el trabajo de abrir los ojos vas a seguir a oscuras el día entero. ¡Son las nueve y media de la mañana y hay un sol que raja las piedras!-
martes, 5 de julio de 2011
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